Los OGM u Organismos Genéticamente Modificados son aquellos cuyo material genético ha sido manipulado a nivel molecular en laboratorios con el fin de otorgarles alguna característica específica. Comúnmente se los denomina transgénicos y ha sido la industria alimenticia quien ha encendido la polémica sobre este tema con experimentos como injertar genes de escorpión al maiz con el fin de hacerlo venenoso para ciertas plagas o genes de pez al tomate para hacerlo resistente al frío. Hoy, la discusión está planteada y en Latinoamérica a nivel de políticas gubernamentales cada vez más adquiere la trascendencia que le corresponde.
Basado en el Principio de Precaución (término acuñado en la Cumbre de la Tierra de Río en 1992), el cual establece que no se implemente ninguna tecnologia cuya inocuidad no haya sido demostrada, -y que me parece inquenbrantable para plantear un futuro sólo posible en armonía con el planeta y nuestro ecosistema-, intentaré desmontar uno a uno los argumentos sostenidos de forma débil por quienes están a favor de la liberación de trangénicos al medio ambiente.
La falta de acuerdo enarbolada como argumento
Si hay algo en que detractores y partidarios de los OGM coinciden, es en la escasez de estudios terminantes y coincidentes sobre su impacto en el medio ambiente y la salud humana. Hoy existen tantos a favor como en contra, lo que demuestra lo de camino que falta por recorrer para obtener evidencia contundente y definitiva sobre el tema. Ante esta situación, parece fundamental enarbolar el mencionado Principio de Precaución. En el caso de la transgenía, no sólo la industria no ha probado su inocuidad, sino que ha debido enfrentarse con estudios que fundamentan lo contrario, y aún así insiste en alzar como un argumento a favor la falta de consenso sobre el tema. Por obvio que suene, que no exista acuerdo sobre la nocividad de los OGM no los hace a estos inofensivos, es por eso que al llamado “Análisis de riesgo” propuesto por los sectores pro trangénicos, debiera anteponerse la precaución como pilar fundamental..
El comienzo de la polémica
El tema de la modificación genética de semillas, surgió a raíz de la necesidad de la industria del agro
-obediente a la norma capitalista de crecimiento infinito- por aumentar los beneficios de sus ventas. Ya no rentaba lo suficiente vender semillas y se hacía necesario agregarle valor a estas. Así, se modificaron genéticamente semillas de maíz para hacerlas resistentes a un tipo de agroquímico (Glifosato) que luego se comercializaron de manera conjunta en un pack patentado que generaba utilidades bastante más atractivas al tiempo que facilitaba la tarea agrícola al permitir con un rocío indiscriminado de los cultivos, eliminar selectivamente las malezas.
La tierra en comodato
Y pasó el tiempo. Muchos cultivos no transgénicos vecinos a plantaciones de semillas GM, se vieron polinizados a causa de agentes naturales (insectos, viento, etc), lo que dió pie a que las empresas dueñas de las semillas demandaran por un uso no autorizado de su producto. Los agricultores, con miopía e ignorancia, entregaron sus tierras en comodato a las empresas dueñas de las semillas de las cuales ahora dependían sus monocultivos. Por si esto fuera poco, con los años, muchas hierbas se hicieron resistentes al Glifosato, surgiendo una raza de supermalezas que requerían más químicos y no estaban contempladas en ese Análisis de riesgo realizado con poca altura de miras, precaución y certezas. Fué así, rocío agroquímico mediante, que la tierra y el agua de nuestros campos comenzó a volverse tóxica.
Argumentos falaces
Se habla de que los cultivos biotecnológicos resistentes a enfermedades e insectos, reducirían el uso de pesticidas agroquímicos en la industria, cuestión no sólo falsa y comprobada por estudios de alcance público (que insisto, tan abundantes como los contrarios, pero que no hacen mas que enrostrar la falta de camino por recorrer), sino engañosa, pues lo único que se reduce es el espectro de productos a utilizar, no su cantidad. Y peor aún, al rociar el mismo herbicida insistentemente, ha creado estas supermalezas que los agricultores han logrado combatir con la multiplicación de las dosis y de paso con ello, su nefasto impacto.
Otro punto que ha hecho patente el manejo maquíneo de la discusión, es el de la coexistencia. La supuesta convivencia armónica de cultivos tradicionales con los modificados genéticamente ha demostrado en la práctica ser imposible. La contaminación de especies por agentes naturales ya mencionados, puede tener consecuencias nefastas en America latina, donde la milenaria diversidad de especies prehispánicas de maiz y papas corren peligros irreversibles de contaminación y pérdida. En este tema de la convivencia, en donde el Análisis de riesgo ha mostrado su inoperancia más catastrófica, utilizar al planeta como un gran laboratorio no es una opción reversible. Debemos considerar que hoy los errores que comete el hombre son a escala global, y así lo son también el pago de sus consecuencias. Defender la biodiversidad de especies cuando la convivencia no está asegurada, es la actitud correcta, obediente al principio de precaución.
Y el último, falaz y éticamente reprochable argumento argüido a favor de la transgenia, es proponerla como una solución al hambre dado su supuesto rendimiento superior a los cultivos tradicionales. Partiendo de la base que este supuesto también está en duda, si es que hoy la industria está a por la causa del hambre mundial, muchísimas otras iniciativas relacionadas directamente con el agro como la ganadería industrial -y que son motivo de otro artículo-, podrían tener un impacto mayor y efectivo.
Empoderar al consumidor, etiquetar los transgénicos
Para terminar, se hace necesario ante la permisividad de algunas legislaciones con los transgénicos, recalcar la radical importancia que adquiere el correcto etiquetado de los productos provenientes de esas fuentes. Una norma de etiquetado responsable, debiera identificar de manera acabada los productos de origen transgénico, contemplando un seguimiento (o trazabilidad) de los productos a lo largo de toda la cadena de producción, transformación y distribución. Es clave el etiquetado para hacer partícipe y empoderar al consumidor final sobre la decisión de apoyar o no la transgenia con su compra.
Conclusiones
La naturaleza es un equilibrio tan perfecto como frágil producto de miles de millones de años de ensayo y error, y es en consideración de este escenario que debemos preguntarnos sobre la necesidad de alterar este equilibrio con la expermientación de engendros mutantes que la naturaleza jamás permitiría. La decisión, que pasa evidentemente por una cuestión ideológica que partidarios y detractores ostentan, los segundos la fundamentan en la conservación del planeta, su biodiversidad y la continuidad en armonía de la vida sobre este. Queda planteada la pregunta de si la salida a esta encrucijada será seguir permitiendo la intervención molecular de alta agresividad e impacto por mandato de empresas privadas para su liberación al medio ambiente, o volver a equilibrar nuestros ecosistemas con la defensa de la biodiversidad y el principio de precaución como regla inquebrantable.
PD: Una precisión pertinente a este artículo sería la de su título, pues la oposición acérrima es a la liberación de transgénicos al medio ambiente, no a la transgenia controlada con fines médicos y sin liberación, por ejemplo.

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