
Tendíamos trampas a los animales, capturábamos pájaros en grandes redes.
Nosotros éramos los elegidos por nosotros.
Devastamos los bosques, quemamos la vegetación (…)
Nos sacamos los ojos, nos roímos hasta los huesos.
Nuestra hambre crecía conforme comíamos.
Que clase de enfermedad crónica es ésta, qué clase de hambre que nos devora
mientras nos devoramos nosotros mismos.
Claes Andersson, Huden där den är som tunnast
Frente a la crisis ecológica global, Fernando Savater con lúcida polémica, nos echa en cara que lo único que corre peligro es nuestra supervivencia como especie. A la naturaleza no le importa el cambio climático, los grados de más, la desaparición de glaciares, la extinción de anfibios, los derrames de petróleo. La naturaleza se adaptará al cambio, se recuperará y volverá a equilibrarse como lo ha hecho durante miles de millones de años de ensayo y error. Los únicos que lamentarían el desastre somos nosotros, nuestra especie, quienes ostentamos el lenguaje junto con la capacidad de razonar, pensar, abstraer y “devorarnos a nosotros mismos”.
Una mentalidad de simio que ha aprendido a contar por los dedos y a reducir álamos, pinos, violetas, rumor de agua, tierra negra, mirlos y oropéndolas y ranas y mariposas y lagartijas y todas las cosas sin cuento a la sola y vacía miseria del cómputo y de la abstracción: a trocar la riqueza material y palpable por las abstractas fantasías de la contabilidad y los proyectos”
Jose Albelda y Jose Saborit, La construcción de la naturaleza
El fascismo simpático (dictadura radical pero amable en apariencia) que es la generalización de la ley de oferta y demanda a todos los niveles de la vida humana no ha hecho más que propagar esta “mentalidad de simio que cambia riqueza material por abstractas fantasías”, poniendo en riesgo en el mismo acto, nuestra posibilidad de habitar este planeta. Que una economía no pueda crecer indefinidamente dentro de un medio finito, es el abc de que el capitalismo es inviable en este planeta. Y aquí es justamente donde entra la ecología como un pensamiento sobre los límites; los límites de nuestro planeta (su capacidad de carga) y nuestros límites como usufructuarios de este, donde el lema “lo innecesario es dañino” cobra todo su sentido.
Nuestra mirada a lo últimos restos está llena de melancolía, nuestra mirada de despedida a los últimos esquimales, a las últimas oropéndolas, a muchas plantas que muy pronto dejarán de existir. Melancolía y cólera (…). En este contexto, la recomendación de que comencemos por proteger el medio ambiente en nuestros propios hogares adquiere, repentinamente, un nuevo significado (…) se transforma en un derecho individual: el derecho del individuo a escapar, en lo posible, a todo aquello que está contribuyendo al desenlace. Se trata de una especie de resistencia pasiva, desesperanzada pero digna, un boicot de artisano, una negativa a obedecer (…) un acto de autoafirmación que ha renunciado a salvar el mundo, pero que trata de salvaguardar la propia dignidad con su kilo de aluminio, utilizando otros relojes, colocando ladrillos en las cisternas del retrete: no se trata de acciones ecologistas sofisticadas para calmar la propia conciencia, sino de una protesta desesperada.
J. Dahl, La última ilusión
Pero como dijo Robert Jungk, “la desesperación es un lujo que no podemos permitirnos”. Nosotros los que no pasamos hambre, los que no morimos de enfermedades curables, los que podemos estudiar y reflexionar, no tenemos derecho a la desesperanza. “Mientras el desenlace sea incierto, tenemos que seguir oponiéndonos a la catástrofe” como dijo Riechmann. Nuestra protesta que nos lleva a escapar, a refugiarnos en trincheras donde buscamos otras formas de vivir, donde llevamos una “desesperanza digna”, tiene claro que lo personal es político, que cambiar nuestro modo de vida es la única salida. Nuestra negativa a obedecer es nuestra búsqueda de otros relojes y brújulas para encontrar nuevos rumbos, más amables, más cercanos a la naturaleza y sus ritmos, más sensibles y respetuosos, más profundos, generosos y enriquecedores.
Como firmé durante 1 año de compartir con ustedes en VeoVerde: Vivir mejor con menos y no solamente existir entre automóviles, periódicos, frigoríficos y aspiradoras. Sencillez, sencillez, sencillez como dijo Thoreau, Cultura como dijo Seymour; eliminar todo lo innecesario para vivir feliz… éstas son las cosas que importan.
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