En tiempos en que asistimos por televisión al desplome de las bolsas mundiales y que me recuerda la maravillosa escena final de The Fight Club, se hace necesaria una pausa para recordar algo que a algunos sonará obvio y a otros absurdo: la necesidad de autocontención.
Y que mejor para explicarlo que un video últimamente bastante difundido, pero no por eso suficientemente asumido: La historia de las cosas. El adjunto y original está en un inglés bastante sencillo, pero si quieres una versión en español argentino la puedes encontrar aqui. Contarles mas acerca del video me aburre, pues es una información técnica sencilla de obtener; me interesa sí, profundizar en su mensaje y contenido.
Lo que nos viene a recordar este perfecto video esquematico es la obviada obviedad (que poesía… que casi alcanzo a Arjona coño) de que un sistema lineal basado en expectativas de crecimiento contínuo e infinito no tiene cabida ni es compatible con un mundo limitado.
Pero lo verde está de moda, y para contrarestar el resultado de esta obvia ecuación, vívimos en un engaño impuesto tanto externamente como por cuenta propia. Hablamos de apagar la luz 5 minutos todos los días, organizamos pelotudos apagones mundiales (que terminaron por tostar a las eléctricas que reclamaban el sobrecalentamiento producido por el re-encendido simultaneo, lo que terminó con el jueguito), nuestros correos se llenan de SPAM en apoyo a distintas y poco creibles causas de imbéciles google’s negros, google’s que plantan arboles, y fundaciones que salvan el amazonas con el click de nuestros ratones. Ahora compramos autos “ecológicos” (cuando no son mas que menos dañinos, pues hasta ahora, no existe a nivel comercial un auto ecológico, es más, en países como Noruega se prohibe a la publicidad de autos relacionarla con la palabra “limpio” o “ecologico” puesto que supone una mentira), les ponemos bencina “verde” y últimamente nos sentimos honorables ciudadanos concientes y civilizados al reciclar nuestra basura (hasta ahora existen empresas que te ayudan en la tarea retirando los desechos de tu hogar).
Todo esto es lo que se llama liberación de la culpa, autoengaño para nuestra tranquilidad. Uf! salvamos el planeta desde la comodidad de nuestras casas y sin siquiera modificar nuestro comportamiento habitual, sin sacrificar ninguna de las comodidades a las que estamos acostumbrados. Seguimos comprando el chiche tecnológico de turno y cambiándolo 2 veces por año, nuestro culo se niega a tocar el transporte público, compramos en el supermercado desinformados y despreocupados, continuamos con nuestra cultura del USAr y tirar, con un consumo desmedido de carnes rojas, arrojamos a la basura el aparato que deja de funcionar, hervimos 3 litros de agua cuando solo beberemos una taza, no renunciamos al blanco albino del papel virgen, compramos cientos de cosas que no necesitamos, etc., etc., etc.
Hay algo que todos los entendidos en el tema tienen claro: la crisis ecologica no se superará si no media un cambio de actitud desde el derroche y el exceso de un sistema y una cultura individualista y basada en el consumo permanente, hacia una actitud de “de nada en demasía”, apologética de la frugalidad y en definitiva de la autocontención. La cosa es clara: sin autolimitacion no hay sustentabilidad, sin privaciones no hay futuro, sin renuncias ni esfuerzos verdaderos y continuos en el tiempo, es mejor no tener hijos. Nuestro actuar debe modificarse radicalemente y ya. Debemos diferenciar lo que son medidas parche y autocomplacientes (que sí, también son necesarias, pues reciclar sirve, pero porque no atacar el problema desde antes reduciendo y reutilizando? ver la ley de las 3 erres) a las llevadas a combatir de manera decidida un estado de excepción que necesita de la interiorizacion de políticas personales y públicas de autocontencion y responsabilidad efectivas.
Y es que el hombre actual pareciera preferir cargarse el planeta y pensar -con su soberbia tecnócrata habitual- que en el mañana habitará marte…
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