Harto de las grandes capitales europeas partí rumbo al sur. Quería sentirme mas cerca de sudamerica y de esa realidad compartida de los países tercermundistas de obstinada resistencia a los embates de la modernidad totalitaria primermundista de la que les hablé alguna vez. Es ese choque cultural del colonizador con el nativo, en donde, como se ha dedicado a escribir García Canclini, lejos de ocurrir una imposición rotunda de la cultura dominante, se dan complejos procesos de hibridación y de absorción fragmentada de ciertos aspectos de la modernidad por parte del colonizado, quien resiste y combate por la preservación de sus tradiciones. Es que lo que se llama globalización hoy no es mas que una aplastante circulación libre de capital prácticada solo por unos pocos dueños del mundo. Es decir, paradojicamente, es globalización solo para algunos y solo en un aspecto (el económico, claro está); es el derribamiento de fronteras y límites políticos para una minoria que pacta acuerdos a escala planetaria para facilitar la libre circulacion de sus mercancias. Es comerte un Mc’Arabian en Marruecos pero prohibir el uso del velo islamico en los colegios occidentales… es la homogenizacion radical por la transacción de las culturas a nivel mercantil a manos del capitalismo mas depredador.
Así cruzé el estrecho de gibraltar desde Algeciras, España hasta Tanger, Marruecos. Aborde un largo tren que me llevaría hasta la ciudad imperial de Marrakech, en otros tiempos capital de Marruecos y residencia del sultan. Al centro de su medina, vi uno de los espectaculos mas increibles que he visto en mi vida: la plaza Djemaa el Fna. De día una explanada de cemento sin mucho que contar, de noche el centro de reunión de todo un show de variedades que nunca habia visto. Desde puestos de comida temporales rebosantes de alimentos y comensales, cuentacuentos, encantadores de serpientes, domadores de monos, cantantes, dentistas callejeros, hasta vendedores ambulantes de un cuanto hay y todo lo que se puedan imaginar. Aqui no hay veredas ni señales de trafico, las motos pasan por donde les da la gana y a la velocidad que les parece, el cuerpo policial dista mucho de ser respetable, el comercio es informal, no hay precios establecidos, en fin, todas las cosas son un poco “torcidas” como la vida misma, y sin embargo todo funciona, la gente se entiende y los acostumbrados disfrutan.
Luego, en compañia y absolutamente bañado por la mística de Théodore Monod y su libro “peregrino del desierto” (un desclasificado de la libreria oculta de mi padre que guarda títulos tan polémicos como “mentiras fundamentales de la iglesia católica” o “neil amstrong nunca pisó la luna” y que va liberando a medida que pierde la cordura o la perdemos nosotros) seguí rumbo a Fes. A esas alturas ya había adquirido una calma bereber (diferencias idiomáticas obvias mediante, no hablé con nadie en todo el viaje), una frugalidad beduina (solo 1 comida diaria) y una austeridad monacal (misma ropa para todos los dias) que tenian mas que ver con el entorno donde estaba metido (nada de excesos burgueses en culturas mas ascetas) y por ende hacían mas sensible mi entendimiento hacia una cultura totalmente distinta a la mia. Me perdí en su medina, olvide los mapas (que no existen en ese laberinto medieval y que cambié por una vieja brújula) y observaba sentado en un local mal iluminado en compañia de un té de menta y una pipa, como al sonar de las bocinas esparcidas por toda la ciudad llamando a la oración se paralizaban las actividades para dirigirse a la mezquita (ayuda de memoria: los árabes son en su mayoría musulmanes, es decir, práctican el islamismo, una de las 3 religiones monoteístas que creen en Alá y leen el Corán que fué escrito por su profeta, Mahoma).
Luego seguí a Chefchaouen, un pueblito muchísimo mas pequeño y mas agradable. Un San Pedro de Atacama en Chile, algo así. Tenia ganas de subir una montaña asi que aborde a un joven local (en realidad me abordó el) y le pedí que me guiara. El dijo que feliz por unos 20 Dirhams me mostraba incluso “la cosecha” donde trabajaba. Genial dije yo. Partimos a la mañana siguiente y subimos mucho rato hasta que llegamos despues de varios rodeos a su oculta granja: la principal fuente de ingreso del pueblo viene del hachís ja! (obviamente no me dejó sacar fotos de su plantación…).
Finalizé el viaje con una visita a mi primo en Granada, ciudad saturada turísticamente, cuyo principal atractivo es el palacio de la Alhambra una de las cumbres del arte islamico, asi que continué empapandome del otrora esplendoroso imperio árabe.
Sin duda, cuantitativamente, mi aprendizaje académico y entendimiento real sobre la cultura árabe no fué tan considerable como su comprensión cualitativa, de la mano de una experiencia e inmersión en un medio (geográfico, social, político, etc) que condiciona enormemente.
Mas?: Fotos, fotos, fotos aqui, me compré un CD de reggae argelino para no tener que oir al Quique Neira decir mamma africa sino a unos que de veritas nacieron ahi, volví a ser un nómade de la vieja escuela tomando largos autobuses de incierto destino, comí todo lo raro que veía (aunque no fuí capaz con un caldo criaturero de aspecto siniestro) y eso me costo una diarrea contínua, marruecos tiene muchísimo hito considerado patrimonio de la humanidad, tengo que empezar a escribir la tésis, la música pop árabe es espectacular, está rico para postear el fullscreen mode del nuevo wordpress.

Debo decir que cada dia estas (d)escribiendo mejor, o quizas estas visitando lugares mas interesantes, no se, pero encontre notable tu pasada por marruecos.
Suerte por alla
besos
grande jusa! jaja lastima que nadie pague por eso, aunque sinceramente, yo creo que son los lugares mas interesantes, yo sigo igual de latero ja!
Master, que gran viaje te pusiste, muy interesante y pareciera tener harto de eso de conocer la ciudad mas con anécdotas que con museos y monumentos.
Que tal el reggae Argelino? verdadero roots?