En su libro “Las ciudades invisibles”, Italo Calvino describe una ciudad llamada Despina:
De dos maneras se llega a Despina: en barco o en camello. La ciudad se presenta diferente al que viene de tierra y al que viene del mar. El camellero que ve despuntar en el horizonte del altiplano los pináculos de los rascacielos, las antenas radar, agitarse las mangas de ventilación blancas y rojas, echar humo las chimeneas, piensa en un barco, sabe que es una ciudad pero la piensa como una nave…
En la neblina de la costa el marinero distingue la forma de una giba de camello, de una silla de montar bordada de flecos brillantes entre dos gibas manchadas que avanzan contoneándose, sabe que es una ciudad pero la piensa como un camello de cuyas albardas cuelgan odres y alforjas de frutas confitadas, vino de dátiles, hojas de tabaco…
Llegué a Madrid luego de un vuelo nocturno que desde la ventana me dejaba ver toda España como una telaraña luminosa. Luego de un recorrido de un par de días por la ciudad, abordé tren con destino a Valencia. El aterrizaje fue duro: un mes de atraso en el Máster (estudio intenso, cosa que había olvidado), Universidad nueva (novato por segunda vez en una universidad del porte de 4 San Joacos, sin saber ni como obtener una fotocopia), la búsqueda de piso (angustiante y difícil, visité desde antros de inmigrantes latinos como yo hasta un palacio gótico sin ventanas y con extraños personajes en su interior), el clima impredecible (que me agarraba un diluvio en polera), una ciudad extraña e inmensa (lo desconocido siempre adquiere proporciones gigantescas) y mi errática ubicación geoespacial (siempre tomaba el mapa al revés) calaron hondo en mi ánimo y me inundaba una sensación de inestabilidad e inseguridad que tomaba forma en un desprecio a la ciudad que me “recibía”…
Pero ya me establecí. Conseguí un piso al lado de mi Universidad (Historiador Claudio Sanchez Albornoz, N°6, escalera 2, piso 6, puerta 12, pedazo de dirección…) y vivo con una chica italiana (que habla español como la caliampa, digo como el benni), otra española y otra francesa con su novio. Mi pieza tiene ventana con vista y el baño bidet asi que no necesito nada mas. Si bien aun no recorro toda la ciudad, ya respiro un aire mas agradable y me empiezo a sentir mas cómodo. La calles ya no se me giran mas, me compré un paraguas, tengo mi tarjeta para las fotocopias, adquirí celular con una telefónica que nos quisiéramos en Chile (Yoigo, precios increíblemente justos, cuentas claras, procedimientos sencillos y amigables) y sé que diablos es una bocata, una bollería, repelús, majo, pija y mola.
Retomando a Calvino, así fue que comprendí a Despina como una metáfora de que cada uno ve la ciudad que quiere ver, según el animo con el que anda, según las esperanzas que trae, según los intereses que se tienen. En otras palabras, todos vivimos en ciudades diferentes, personales y cambiantes, que se cruzan a veces, que se mezclan en ocasiones.
De la ciudad misma por ahora les puedo contar que vive un momento de bonanza producto de una política gubernamental fuerte en obras públicas (de la mano de la superestrella de la arquitectura contemporánea Santiago Calatrava) para posicionar a Valencia en el mapa internacional. De ese boom destaco la obra impresionante que hicieron con el Rio Turia que antes pasaba por el medio de la ciudad (cual Mapocho) y en cada crecida inundaba y arrasaba con todo a su paso; pues bien, desviaron el rio y su cauce lo transformaron en un largo en inmenso parque.
Primeras impresiones (con lo equivocas que estas pueden ser): Aquí hay mas ciclovías que calles, (casi) todos separan su basura y la reciclan, todos los hombres usan gel, las plaza y jardines son increíblemente bien mantenidos, el surtido de las tiendas de los chinos es infinito, aquí se trabaja poco (al menos los comerciantes) pues las tiendas abren a las 9:30 cierran a las 2 y reabren a las 5, los fumadores son reprimidos, está plagado de latinos, aqui no existe el inglés las palabras se dicen como se leen wi-fi no es güai-fai es güi-fí.
Por otra parte, hecho de menos el Jumbo con su surtido y calidad y su sección de frutas y verduras, la marraqueta Lo Saldes, las tiendas de las bombas de bencina, el Homecenter. No hecho de menos Las Ultimas Noticias, las noticias en general y el Transantiago.
Aun hay poquitas fotos pero iran aumentando

Master, muchas de las cosas que dices en tu post las viví llegando a Sydney, muy identificado, no sabria decirlo mejor… Que bueno que estes instalado. Yo hecho de menos el arroz que hace mi nana, la palta, la marraqueta, y los precios de los supermercados. Saludos
Muy pronto verás que no hay mejor sensación que el día de dejas en mapa de la ciudad en tu casa y puedes llegar a cualquier parte (a todas partes mejor dicho) por tu cuenta. Ese día podrás decir que vives en Valencia, y dejarás de ser un turista más (a los que automáticamente empezarás a odiar).
Suerte por allá
ya te contaré de los adelantos técnicos de Coyhaique pero por ahora, desde donde ya soy un habitante con identidad santipatagona,te cuento que echo de menos el asado familiar del domingo, la primavera santiaguina, los paseos iluminados, el mc donalds.