Conociendo el desenlace de la encuesta "Los chilenos y su percepción del arte contemporáneo" que publica Uniacc y El Mercurio, la verdad es que sus resultados no aparecen tan novedosos para los que nos movemos en el ámbito de la cultura. Sabemos que el arte contemporáneo tiene poca llegada y que cuenta con mejor cabida entre las mentes inquietas de los más jóvenes o de los que han accedido a una formación más completa. Esto concierne a la sociedad entera, y las diferencias entre rangos etarios o socioeconómicos no son dramáticamente significativas. En general, las deducciones se inclinan a una sola realidad: el arte contemporáneo es inalcanzable.Sin embargo, resulta interesante constatar ciertos hallazgos en los resultados. Por ejemplo, si bien más de la mitad de los encuestados percibe el arte contemporáneo como necesario para la calidad de vida, casi la misma cantidad dice no haber asistido ninguna vez o sólo una vez en el último año a una exposición. Curioso, porque esto reflejaría que no se aspira a una mejora en la calidad de vida, al menos no a través del arte, incluso cuando sea gratuito.Respecto de los artistas más recordados, la mención a Roberto Matta también es predecible, aunque en el resto de los aludidos sorprende la diversidad, y la ausencia de Premios Nacionales resulta abrumadoramente decidora.
Aquí es posible esbozar algunas ideas en torno a la muchas veces prejuiciosa distancia entre el arte actual y sus posibles receptores. La especialización es cada vez más preponderante del desenvolvimiento de las sociedades, lo que hace que se profundice únicamente en un tipo de conocimiento y se sienta aprensión frente a lo que se intuye tan sólo de modo parcial.
Es verdad también que el arte contemporáneo suele nutrirse de sí mismo, citando y reinterpretando el pasado o presente. Entonces ahí se intensifica la crisis con aquel que no sabe de historia del arte o no puede establecer lazos, asociaciones, comparaciones… Además, hoy se necesita de todo el andamiaje teórico que lo sustenta, lo que vuelve a incidir en esta suerte de "ceguera" autoimpuesta que parece buscar lo cómodo, lo fácil, lo que no implique mucha reflexión y, en definitiva, no haga perder tiempo productivo. Hoy por hoy, los desafíos intelectuales están orientados más a la supervivencia que al goce estético; la sensibilidad está atrofiada. Guillermo Machuca lo explicita en su texto "La educación del ojo", donde acota que "…en contextos como el nuestro, sometidos a una endémica precariedad institucional, la adquisición de una cultura o sensibilidad visual pareciera ser un problema secundario en relación a otros asuntos más importantes a nivel social o económico".La idea de que el arte contemporáneo rompe ideales clásicos evidencia igualmente esta lejanía del público. Si la sociedad, los lenguajes, los paradigmas están permanente transformándose, entonces ¿por qué el arte no? Evidentemente evolucionará no sólo en su forma, sino en su sentido y función con igual rapidez que las tecnologías, las comunicaciones, las pulsaciones de la sociedad misma.
La otra idea de que el arte quiere provocar y no agradar apunta al mismo malentendido. Hace tiempo que el arte dejó de agradar. Hoy es un lenguaje elocuente, opinante, crítico: un artista contemporáneo es también un investigador. Por ende, su arte sólo quiere comunicar, hacer pensar, analizar, reflexionar, y ese desafío no todos están dispuestos a tomarlo.
Finalmente, cabe destacar que no está todo perdido, ya que, citando nuevamente a Guillermo Machuca, esto "…es un asunto que excede los límites acotados del arte, y posee también una dimensión ética e incluso moral", y "…aunque resulte contradictorio, no debería abordarse como parte del aprendizaje formal: el arte que puede ser enseñado constituye sólo un punto de partida, el resto es una conquista individual". Por ende, leer, informarse, asistir a muestras, involucrarse con sus contenidos garantiza un universo lleno de riquezas insospechadas y portadoras de un nuevo modo de conocimiento. La responsabilidad está en cada uno de nosotros.
Artes y Letras, Domingo 10 de septiembre de 2006
por Daniela Rosenfeld
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