“Me voy de la ciudad (aún no te he olvidao)” es el registro en video de un recorrido por la ciudad de Santiago de Chile. La ruta recorrida desde el centro de la ciudad hacia su periferia, sigue el trazado de una línea de alta tensión que provee de energía a la ciudad. La acción es metáfora y pretexto para hablar de ciertas situaciones y fenómenos urbanos, que conducen una reflexión sobre el habitar en las grandes capitales, sobre la experiencia humana en la ciudad contemporánea.
Si tuviera que aislar un hilo conductor que motiva mi trabajo, sin duda sería el concepto de búsqueda, no solo en sentido metafórico (pues todo trabajo de arte busca) sino también literal; si buscase un adjetivo que lo definiera, creo que este sería su carácter romántico, por la búsqueda en si misma y por su aproximación sensible y melancólica a otras formas de vivir. El desafío que plantea una residencia -y mas aún una micro residencia- es descubrir un arraigo específico que vincule el propio trabajo al lugar fugazmente habitado, de ahí que mi búsqueda se acomode perfectamente a esta dinámica de producción de obra. Por otra parte, el componente romántico, (que toma mucho de pasadas –no olvidadas, claro está- sensibilidades históricas, principalmente el romanticismo de finales del s.XVIII), se actualiza de manera un tanto post apocalíptica y desesperanzada –solo con un pequeño asomo de esperanza basado en el conformismo forzoso de “lo que hay”, y a ocuparlo para su disfrute mientras dure- en una ciudad en la que pasadas y presentes utopías redentoras sobreviven sólo en sus promesas incumplidas.
Con la guía de estas ideas imaginé Wild rose hip jam (slow food), en donde a partir de un recuerdo de infancia suscitado por el fruto de la rosa mosqueta -muy común en el sur de Chile y de presencia salvaje en los alrededores de Praga- en el que me vi junto a mi madre y mi abuela cocinando la mermelada obtenida de este arbusto, surge el intento o más bien el pretexto para rescatar memorias olvidadas, reivindicar otras velocidades e intentar aprender y aprehender el arte, la vida. Recordar viejas recetas, rememorar antiguos rituales, construir prehistóricas máquinas, cosechar, recolectar, y cocinar para compartir son acciones que buscan recuperar otras maneras de relacionarnos con el entorno y con los otros, extraviadas hoy, en las ciudades que intentamos habitar. Son actos cotidianos que en su exaltación buscan mostrar otras dinámicas de intercambio posibles, descubrir otros tiempos, alumbrar nuevas alternativas que nos permitan vivir y entender lo que nos rodea de maneras mas ricas y diversas.
Mi trabajo se posiciona desde esta cotidianidad, mas acá de una visión del arte como un fin en si mismo, como obra autosuficiente para ser admirada, prefiriendo rescatar un gesto común como experiencia, como una forma de señalamiento. Dicho de otra manera, el resultado es sólo el pretexto para hablar de memorias perdidas, de ciertas situaciones urbanas, de la necesidad de otros espacios y tiempos para el intercambio y el vínculo social. Así, el ejercicio libre y consciente de un acto creativo y desinteresado, intenta actuar como catalizador para mostrarle al otro un mundo a partir del cual su propio deseo puede surgir; una pretensión ilusa quizá, pero de potentes resonancias metafóricas que insiste en la necesidad de reclamar y recuperar otras formas de vivir.
estacionamientos, vacíos
Video DVD, color, sonido, 3’15”
“estacionamientos, vacíos” es un vídeo realizado en los parkings de centros comerciales minutos antes de que estos cierren. Es el propio artista quien se graba realizando acciones, que, en su apariencia de no llevar a nada, revelan algún tipo de búsqueda.
El vídeo intenta despertar y transmitir la melancolía, el desasosiego, la nostalgia, soledad y uniformidad que ocultan hoy las grandes ciudades bajo su superficie; más allá –o más acá quizás- de los engañosos cantos de sirena de un capitalismo y sus promesas de felicidad basada en el consumo.
Un arte consciente de su limitado alcance y alejado de promesas mesiánicas de liberación se transforma en un gesto, mínimo quizás pero de grandes resonancias metafóricas. No se busca tanto cambiar el mundo como otro lugar desde donde pensarlo, un territorio crítico donde operen otras coordenadas de sentido.
Algún lugar encontraré es el registro -en tomas fijas de video- de una acción realizada en el espacio público. Esta consiste básicamente en la recolección de materiales de desecho industrial encontrados alrededor de la ciudad, para construir algo nuevo con ellos. El tiempo y la música del video son manejados para involucrar al espectador en la atmósfera de la acción: melancolía, cansancio, hastío pero también optimismo, o al menos, una pequeña esperanza.
Al igual que la mayoria de mis trabajos, Algún lugar… imagina nuevas dinámicas de ocupación de la ciudad, generando otros espacios alternativos. Como proyecto, invita a su propagación por parte del usuario; una pretensión ilusa pero de potentes resonancias metafóricas que insiste en el derroche programático del arte y su búsqueda a contramano de la dirección única fijada por el mercado. Su talante poético habla desde la falta, subrayando la necesidad de buscar espacios, de reclamar y recuperar el territorio público para las personas y no los autos, las corporaciones, la publicidad o el poder.
Quería realizar algo con los teléfonos públicos; era lo único que tenía claro. Me sentía irresistiblemente atraído por su presencia nocturna, luminiscente y de aspecto solemne que los hacían parecer pequeños monumentos a la tristeza, la lejanía y la soledad… todo a pesar de ser aparatos para la comunicación.
Luego me puse a pensar que con la aparición de los teléfonos móviles personales, los teléfonos públicos -que antes conformaban la mayor parte del mobiliario urbano- estaban siendo desplazados, disminuyendo significativamente su presencia y quedando disponibles solo para alguna llamada de emergencia o relegados para ciertos sectores que por motivos económicos no quieren, o simplemente no pueden optar por la telefonía móvil.
Pero es justamente de noche cuando estos aparatos cobran vida nuevamente, se revitalizan. Es de noche, en horas en que los locutorios ya se encuentran cerrados, cuando los husos horarios obligan, cuando la distancia y la añoranza apremian, cuando la soledad se hace insoportable, que podemos -si observamos con cuidado- ver como decenas de inmigrantes aparecen y desaparecen como fantasmas alrededor del aparato que les permite sentir cerca por algunos minutos a su familiares y amigos.
Por otra parte, los buzones del servicio de correo (cartas) también pasan por malos tiempos, pues podrían leerse como una vía de comunicación mas cercana actualmente a un tercer mundo subdesarrollado, rural y migrante que a una capital europea y alfabetizada digitalmente.
La fotografía es una exposición múltiple que intenta representar este circular fantasma alrededor de los dispositivos de comunicación en una ciudad que se nos presenta como escenario vaciado y abandonado, en una ciudad donde la noche lleva consigo una carga de nostalgia, desasosiego y desolación.
El modelo fotografiado es siempre el propio artista, que prescindiendo de un registro, según su perspectiva, innecesariamente documental y sociológicamente ilegítimo (la fotografía sin consentimiento es una violación), opta por construir la imagen desde su lectura como ficción metafórica.
Al pensar en estrategias, en líneas conductoras y motoras de mi trabajo, siempre acabo pensando en la deriva. Es que este errabundeo, desinteresado pero atento, es siempre mi punto de partida; un recorrer como experiencia a través del cual se anima y agudiza una actitud contemplativa, sensible y de observación. La práctica del espacio público desencadena inevitablemente una apreciación de su experiencia, pudiendo ser esta desde incompleta, apacible o triste hasta silenciosa, sublime o violenta pasando por una melancólica, pesimista o fragmentaria según los espacios que atravesemos, según las ciudades que recorramos.
A partir de estas primeras apreciaciones y estímulos es que mi estrategia desarrolla ciertas prácticas, ciertas tácticas que buscan explorar y explotar estas sensaciones, exhibirlas, compartirlas… rescatar las pequeñas ciudades, las pequeñas historias; descubrirlas, estimular su propagación.
La toma como táctica de reapropiación de un espacio perdido se ejecuta a plena luz del día como gesto personal de una necesidad hecha política al ser llevada de manera consciente al espacio público. Su posterior registro y diferentes formas de exhibición son las tácticas de propagación, las estrategias de difusión para instar a una reflexión que gire en torno a la resistencia al borronamiento continuo de las pequeñas historias cada vez mas desplazadas por grandes y universales relatos, por un espacio oficial que se dice público y que sin embargo es cada vez mas privado.
Lograr hacer visibles esas ciudades efímeras, esas ocupaciones transitorias y estimular en el mismo gesto su propagación. La fotografía como (anti) postal, como registro, como documento para comunicar este tipo de experiencias. Una manifestación del “aquí pasó algo”, que se diferencia claramente del momento anterior cuando la obra ocurre como experiencia y que apunta a una necesidad de revisibilidad y difusión; a una petición de trascendencia. En palabras del filósofo francés Jacques Rancière “Lo real debe hacerse ficción para poder ser pensado”.
“Liberar MUPI’s, abrir ciudades” es una exploración de formas y circuitos de exhibición diferentes para mi trabajo artístico.
La calle, el espacio público es (debiera ser) el lugar de la convivencia y el intercambio. Es donde se encuentran las historias personales (el mundo privado) con el imaginario común (lo público), es el territorio de la intercepción y superposición de las tramas biográficas con las urbanas.
Su actual estado de espacio estrictamente normado -por el control, la planificación urbana, las estructuras productivas imperantes y una arquitectura obsesa por poner límites y ordenar universal y eficientemente los espacios- limita y condiciona su uso.
Por una recuperación urgente de su naturaleza pública: ciudades efímeras, 2 fotografías a partir de un enganche chapucero.
Una deriva desde un centro comercial a otro en las afueras de la ciudad de Valencia acompañado de un carrito. 6 postales resumen el viaje de aproximadamente 170 cuadras realizado en el trancurso de 5 horas. El carrito además fué intervenido con un sticker.
Aprehender la ciudad andando y recuperar en este mismo gesto un espacio público cuya experiencia se encuentra cada vez mas mediada por el consumo.
Pequeño y mediano terrorista, ya esta al aire tu manual para el micro sabotaje. Haciendo click aqui o en la imagen puedes hojearlo en línea, pinchando acá puedes descargarlo e imprimirlo para su consulta en terreno. Puedes distribuir esto como quieras y usarlo a tu antojo, pero siempre bajo tu propia responsabilidad. ¡Libertad, igualdad, electricidad!
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